Semana del 05 al 12 de septiembre
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Después del 27 de febrero varias han sido las iniciativas para ayudar a
quienes más han sufrido con el terremoto y maremoto, muchas de las cuales han
nacido a través de iniciativas de personas comunes y corrientes queriendo
ayudar al prójimo.
Rebuild Chile Game, está hecho en inglés para posicionarlo en el
extranjero, por lo que también podemos
seguirlos en Twitter, Facebook, Youtube y Tumblr, ayudando a que todo el mundo lo conozca.

Se nos vino la lluvia y el frío, el invierno se
asoma sin pudor y todavía existen muchas familias durmiendo en malas
condiciones. Es crudo pero al parecer no hay soluciones rápidas que impidan lo
peor de lo peor, lo positivo y destacable es que existen personas que sí están
preocupadas y de verdad se ocupan del bienestar del resto, es así como nació la
campaña de recolección Tetrapaks la cual ofrecerá la posibilidad económica de
aislamiento de viviendas de emergencia de Tumbes, educando a todos en el proceso
del reciclaje y en la utilización de materiales alternativos de construcción.
La tecnología que utilizan es muy simple, construyen tetradrillos elaborados con envases tetrapack rellenos de envoltorios y bolsas plásticas. El costo es bajísimo y es una solución constructiva y alternativa para tabiquería y muros perimetrales. Según un estudio que realizó Millaruka la resistencia térmica de los tetradrillos es comparable al que presenta el plumavit.
Aunque algunos digan que Chile no es tan solidario, que la cooperación no es suficiente y que durante este mes hemos ayudado sólo con soluciones parches, hay otros que trabajan para que esta imagen sea diferente y se note a largo plazo.
El
caos estaba llegando de a poco. Durante la mañana nuestro supermercado empezaba
a desaparecer, sacaron hasta lo más innecesario, bolsas para las frutas y
verduras, sillas, cajas registradoras, extintores, de todo.
Cuando
lograron sacar el cajero automático después de horas de trabajo meticuloso,
peleaban entre ellos por agarrar más fardos de billetes, parecían ratas
luchando por una miga de pan.
En
la mañana supimos que el toque se había ampliado, mis vecinos se vistieron para
ir a un funeral, una amiga de ellos había muerto aplastada por un muro.
Los
perros vecinos y la perra de una amiga que perdió su hogar, deambulaban por la
casa buscando algo que comer. El ambiente estaba amargo, un vecino nos comentó
que era necesario unirnos para luchar contra los delincuentes, debíamos juntar
leña y madera para crear fogatas, tener armas hechizas, ponernos un género
blanco en el brazo para identificarnos, seguir la contraseña de ese día y estar
atentos a cualquier ruido. Nos empezamos a asustar, mucha gente sacó a relucir
sus rifles sin pudor, estábamos semiconscientes de lo que podría suceder. A las
16:00 escuchamos a la señora Paty gritar desde su casa esquina, ¡ahí vienen!.
Nos alarmamos, los niños entraron y sentimos disparos al aire, mi mamá sopló
insistentemente un pito para avisar, similar a Rose en el Titanic. Eran cuatro
ladrones que intentaron entrar a una las casas de al frente, los vecinos lograron tomar a uno, lo vendaron y lo
mantuvieron hasta que llegó carabineros.
Y
los nervios aún no se iban, mi papá junto al vecino no llegaban de buscar bencina; escuchamos en la radio la desesperación
del alcalde de Hualpén quien imploraba militares y ayuda; los bomberos
amenazaban con dejar su trabajo pues saqueaban sus cuarteles; y el intendente
se quedaba pasmado titubeando. Queríamos llorar. La vecina empezó a hacer
churrascas, tortillas pequeñas similares al pan, y guardó comida y agua por si llegaban
las turbas que rumoreaba la gente en la radio.
Esa
noche fue la más larga de todas, los minutos pasaban muy lento, se escuchaban
disparos y la paranoia tenía a todos inquietos. Cualquier ruido era
malinterpretado, nos quedamos junto a la fogata toda la noche.
Al
otro día, el cansancio se hacía notar, seguimos con la misma rutina de siempre,
quedarse en la fila del agua, comer, dormir, mandar mensajes de texto y cruzar
los dedos para obtener señal. El día miércoles decidimos comer una vez al día,
para que no nos pillara la oscuridad, lo más sorprendente fue cuando llegó la
luz, mientras terminábamos de comer escuchamos aplausos. Corrimos para encender
el refrigerador y probar los televisores, “mejor no hubiese llegado la tele”
comentó mi hermano, terminamos más deprimidos después de ver todo el desastre.
Ahora,
después de un mes de lo ocurrido, nos dimos cuenta que juntos como
familia y vecinos podemos lograr muchas cosas, nos organizamos, nos
protegimos y compartimos.
Aunque
todavía la luz y el agua no han llegado en todas las comunas de nuestra región,
la normalidad está llegando de a poco. Nunca volveremos a ser iguales, es
increíble pero esto marcó un antes y un después en nuestra historia, y
estuvimos para contarlo. Sobrevivimos al terremoto 2010 y a sus difíciles y
angustiosos días posteriores.